Cientos de películas, series, libros y canciones nos recuerdan día a día que, no importa lo que pase en la vida, nunca estás solo. Siempre habrá alguien que se sienta como tú, alguien que te comprenderá y te hará compañía cuando todo el mundo se esté alejando de tu lado. Con el paso de los años, yo he llegado a descubrir quién esa persona es para mí. Mi madre.
Una madre es de por sí importante en la vida de sus hijos, eso está claro. Lo que no está tan claro (o no está a la vista de tantos) es la importancia que cobra una madre cuando ésta se convierte en una de tus mejores amigas. Ahora que parece que mi vida cojea en bastantes más aspectos de lo que me gustaría, adivinad quién está conmigo. Adivinad quién me escucha, quién me quiere, quién llora conmigo y me hace reír cuando más lo necesito. ¿Lo tienes? Exacto.
Así que, mamá, gracias por estar siempre ahí para mí. Gracias por recordarme que todo pasa y todo llega, que la vida mejora y vale la pena vivir para verlo. Gracias por quererme tal y como soy, por valorarme y por saber ver lo mejor de mí cuando ni siquiera yo puedo hacerlo. Gracias por ser mucho más que mi madre.
Te quiero muchísimo.

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